EEUU.-Blythe Masters es quizás la mujer más famosa de Wall Street de los últimos años. No sólo por su impresionante manejo de las matemáticas y sus hazañas financieras comandando negocios para el banco JP Morgan sino también por las crisis que, según sus detractores, ayudó a detonar al igual que Bernard Madoff en 2008. Lo cierto es que sobre su cabeza penden importantes denuncias de fraudes. Pero su salida no es ni fácil ni barata cómo muchos creen.

El caso más reciente nace con la herencia de un puñado de compañías eléctricas obsoletas que recibió el JP Morgan de un cliente que quebró por la crisis. Cualquier consultor hubiera aconsejado invertir y modernizar las plantas, o bien cerrarlas y venderlas. Pero Masters usó las matemáticas para confundir a los sistemas automatizados que subastan la electricidad, según una comisión que investigó el fraude y que necesitó un abultado expediente para lograr explicar la maniobra. Por manipular los precios de la energía el JP Morgan debe pagar una multa de más de u$s 400 millones. Las autoridades federales pedían la cabeza de Masters por mentir bajo juramento, pero no pudieron acusarla.

Tras una serie de escándalos, que vale la pena señalar le generaron millonarias ganancias al JP Morgan fundamentalmente desde los 90 con su máxima creación, los seguros contra default (CDS) que revolucionaron el mercado de productos derivados, Masters está ahora en el centro de los chismes del mundo financiero sobre todo porque es casi la mano derecha del presidente del banco, Jamie Damon. Esta británica que se destacó por su brillantez para las matemáticas que le valieron un doctorado en Economía en Cambridge fue captada muy precoz por el JP Morgan para la oficina de Londres. Su fama de trabajadora incansable creció luego de que llevara su laptop cuando fue a parir a su hija para vigilar las cotizaciones mientras seguía operando. Antes de los 30 ya era directora ejecutiva y la transfirieron a las oficinas de Nueva York.

A mediados de los 90 Masters diseño un sofisticado producto financiero, los credit Swap Befault (CDS). Todo nació a partir de la debacle de un importante cliente del banco, la petrolera Exxon que a fines de los 80 encalló el buque Exxon Valdez en Alaska provocando un desastre ecológico. El objetivo era proteger la exposición crediticia del banco a la petrolera que podía ir a la quiebra. Así inventó la transferencia del riesgo a otro inversor vía los CDS, una especie de póliza de seguro. Luego la influyente diplomacia del JP Morgan logró que el honorable Banco Europeo para la Reconstrucción y el Desarrollo suscribiera el primer CDS. Así, la entidad europea aceptó una importante suma anual por avalar el riesgo de Exxon, a costa de que si se declaraba en quiebra debía cubrir el derrumbe.

Luego sucesivos desarrollos de Masters y otros expertos a través de derivadas matemáticas dieron lugar a una especie de bonos basura como los gestados en los ’80 por Michael Milken y que sirvieron luego para potenciar el negocio de las hipotecas subprime que terminaron por provocar la última crisis financiera mundial. Estos bonos tenían la particularidad que precisamente hacían casi indecifrable el riesgo de la inversión, o sea, el comprador no sabía que estaba comprando, y eran además el vehículo perfecto para transferirlo de inversor en inversor, diseminando así minas terrestres por todo el mercado. Fue así como los grandes bancos colocadores de deuda maquillaron las hipotecas de alto riesgo (subprime) y las distribuyeron por doquier. Antes de la debacle financiera del 2008 el negocio de estos derivados había trepado a más de 650 billones de dólares, lo que implicaba diez veces más que el PBI mundial.

Pero ahora Masters carga sobre sus espaldas tres fracasos al comando de la división de commodities del JP Morgan. Tras perder una millonaria apuesta sobre los precios del carbón en Europa en 2010, está en el ojo de la tormenta por supuestas manipulaciones sobre el precio de la plata (el banco es uno de los mayores tenedores de plata del mundo y habría vendido opciones de compra vía ETF para bajar la cotización), a lo que se sumó la pena y castigo por las maniobras en el mercado eléctrico (la Comisión Federal de Regulación de Energía encontró ocho estrategias de manipulación de precios de la electricidad). Muchos apostaban en Wall Street que se trataba de la “tercera vencida” pero soslayan el costo indemnizatorio de desprenderse de Masters. Las apuestas están lanzadas, puede ser el despido más oneroso de la historia de la banca de inversión. Por lo pronto sigue compitiendo.

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